Alejandro Vigil: “Yo nunca pude separar el comer y beber”

Alejandro Vigil fue nombrado Director de Enología de Catena Zapata en julio de 2007. Junto con él, una de las bodegas que logró posicionar a Argentina dentro del mapa vitivinícola mundial, fue nombrada New World Winery of the Year por la revista Wine Enthusiast y, en 2012, Winery of the Year por la revista Wine & Spirits. Ha contribuido a que los vinos de Catena Zapata obtengan puntajes superiores a 95+. Su respeto por la tradición, su creatividad incansable, así como su irreverencia por el “status quo”, lo han convertido en es uno de los enólogos más afamados de su país, si no el más, aunque mantenga ese aire despreocupado de quien hace vino por el puro placer de compartirlo.

Es co fundador de la bodega Aleanna junto con Adrianna Zapata, donde produce la línea de vinos Gran Enemigo y El Enemigo. Es amante de la música, la historia y la literatura. Se mudó a Chachingo (Maipú) para mantener la vida de campo que lo vio crecer y desde donde hace vino junto a su esposa y sus dos hijos. Desde ahí recibe a cientos de turistas que buscan vivir la experiencia de visitar la casa del enólogo, donde además está el restaurante -Casa El Enemigo Vigil-, y la bodega.

Alejandro Vigil es el único enólogo que ha conseguido por primera vez 100 puntos Parker para dos vinos argentinos. Wine Advocate, la publicación dirigida por el gurú Robert Parker Jr., le otorgó el año pasado el premio a la perfección a: Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc 2013, que elabora en Aleanna Vineyard, y Catena Zapata Adriana Vineyard Riverstone Malbec 2016.

Más allá de los puntajes y reconocimientos queda el ser humano, aquel con quien compartimos el amor por la historia y la comida saludable, además del vino por supuesto. Con él conversamos en una visita relámpago por Lima, a donde llegó con parte de su equipo del restaurante de Casa Vigil y accedió a conversar con nosotros sobre su visita, sus vinos, su filosofía de vida como enólogo, dueño de una bodega y de un restaurante. Descubrimos su gran pasión por el producto, por lo que permanece, por lo que nos da la naturaleza. Se reveló honesto como lo que hace y tan sencillo y simple como se ve. Un convencido de que para ser protagonista debe desaparecer y dejarles paso a sus creaciones.

 

“Yo nunca pude separar el comer y beber”.

Alejandro Vigil es un gran apasionado del producto, del origen. Lo suyo es la trazabilidad, el trabajo con lo local, lo orgánico, fresco y saludable. Por eso lo peruano y su gastronomía le atraen. Lo ve con ojos no solo de enólogo, de amante de la tierra, de la viña, sino como alguien que desde niño aprendió los placeres de la buena mesa.

“Hoy estamos en Perú con gran parte del servicio de Casa Vigil para que prueben, vean donde están ustedes y dónde estamos nosotros, cuáles son los conceptos que manejan, y sepan reconocer que la gastronomía en el mundo tiene el mismo concepto. Para mí la gastronomía es una sola. Hay que pensarla desde el punto de vista de dar alimento, de nutrir, después podemos hablar de tendencias, ideologías”. Como ve la gastronomía, ve el vino. “Yo nunca pude separar el comer y beber. Yo siempre cuento que cuando me sentaba en la mesa de la casa de mi abuelo si no había pan y vino no se comía, no es como ahora que vas a un restaurante, y me preguntan ¿quiere pan? ¡No me lo preguntes! Se come. Y si hay pan, hay vino. Son la misma cosa”.

“Hemos estado en los grandes restaurantes de Lima, pero esta mañana fuimos a la feria (mercado) donde cogieron un pescado, exprimieron el limón, le pusieron un poco de sal, cebollita y fue un cebiche increíble. Entonces uno se queda sin palabras”.

 

Cocina descontracturada

Vigil recreó la Divina Comedia de Dante Aligheri en su finca. Al predio lo llama Casa El Enemigo Vigil. A la bodega la bautizó como Los Valientes y al restaurante, Los Glotones. En este último se busca rescatar recetas de la familia, de los abuelos, – de donde provienen la mayoría de los recuerdos de Vigil-. utilizar los productos locales, los de la propia huerta orgánica, y trabajar con los vecinos de la zona. Acá, se consume carne de vacas de pastura, corderos de La Patagonia criados de la misma manera, trucha de criaderos que provienen de agua corriente de un rio o un arroyo. Lo que predomina es el estilo casero, el manejo sostenible de los productos y lo que nos transporta a aquello que no pasa.

En los vinos, la propuesta es libre, igual que con la comida. Nada de menús degustación ni maridajes establecidos. “Te proponemos una serie de vinos y dejamos que elijas con qué seguir cada uno de los pasos, una experiencia descontracturada que sigue el concepto del Enemigo de salir de la zona de confort”. Cansado de visitar varias bodegas donde siempre le ofrecían un menú degustación que no era lo que el buscaba, el enólogo optó por algo más libre. “Por ejemplo, yo la carne la tomaría con blancos pesados y me siempre me la sirvieron con un tinto. Bueno, entonces, nosotros te damos la posibilidad de elegir los vinos que te gustan con lo que quieras. Para mí la sofisticación está en las cosas simples y en los vinos es lo mismo”.

Tome nota. Acaban de llevarse el oro en las Categorías Excelencia en Restaurante y Prácticas Sustentables en los premios Best of Mendoza´s Wine Tourism.

 

“No busco la perfección en un vino, sino el origen”.

Lo que lo movió a Alejandro Vigil a venir a Lima esta vez no fue el vino, sino esa necesidad de seguir la “huella” o el origen en la gastronomía más nombrada en los últimos 10 años. Probar, explorar sabores, técnicas. “Cuando hablamos de trabajar desde el producto en gastronomía, la idea es que te pase lo mismo con el vino. Intentar encontrar el origen. Por ejemplo, acá en Perú uno prueba una papa y sabe de dónde viene. Lo mismo debe pasar en el vino. Que pruebes una botella y digas, ¡ah esto viene del Valle de Uco! Este es un trabajo a largo plazo, pero hay que comenzarlo. Lo que tenemos que lograr con el vino argentino es que sea un sabor adquirido por cualquier persona en el mundo. Es un trabajo que va desde enseñar geografía con sabores”.

“No busco la perfección en un vino, sino el origen”. Por eso para el enólogo los puntajes no son decisivos, pueden venir como no. “No puedo decir que no me hacen feliz, pero son más que un reconocimiento, es entender que Argentina ya ingresó a la categoría de los vinos de alta gama. Por eso no hablo en personal, sino del vino argentino en general. Hoy lo estamos logrando a través de los míos o de otros que intentan darle identidad al país como productor de vinos. Este es un trabajo a largo plazo en donde las personas desaparecen y lo que queda es el lugar. Porque hasta algunas bodegas pueden desaparecer, pero el Valle de Uco no. Por eso debemos ir detrás de esa huella”.

 

El vino: sucesión de “pequeños milagros”

“Trabajo con viñedos que me dan la posibilidad de tener las mejores uvas del mundo, tengo posibilidades varias, después está uno si puede hacer buen vino o no. Tengo las uvas del viñedo Adrianna, las de Gualtallary, que son las mejores que puedo tener en Mendoza. Siempre hay que pensar que el hecho de que llegue un vino a una góndola o a un restaurante es una sucesión infinita de pequeños milagros. Infinidad de cosas que pasan. Desde la botella que llegue a tiempo para poder llenar el vino, que esté bien el tapón, los permisos, la aduana, los contenedores. Pero para que llegue una botella a una góndola es una sucesión infinita de pequeños milagros. Hay miles de personas involucradas y eso es lo que hace al vino distinto de cualquier otra cosa. A parte hay miles de tipos haciendo lo mismo, no es como el whisky que hay contadas marcas en el mundo que lo hacen, acá somos miles. El mundo del vino es una forma de vida. Eso es lo que intentamos transmitir. Eso es lo que intentamos difundir, que eso llegue a su boca, que le provoque felicidad. Nos debemos a esa persona. Para eso asumimos una forma de vida”.

 

Premium Tasting en Lima

“Yo empecé en el primer Premium Tasting y hasta ese momento no había un evento que nos uniera a los enólogos argentinos, entonces Nico (Nicolás Alemán, director del Premium Tasting) planteó la idea y me pareció excelente. Fue un éxito desde el inicio y ahora se lleva a cabo a nivel nacional. Es una gran oportunidad para que el winelover pueda acceder de una forma directa a cualquiera de nosotros y probar. Puedes probar vinos de altísimo nivel junto con sus enólogos respondiendo todo tipo de preguntas. Un evento único respecto a eso”.

“Coincido con Nico cuando dice que era el momento de Perú, que su gastronomía reclamaba un evento como el Premium Tasting. Es interesante lo que ocurre acá con el vino. En la Argentina la gastronomía avanza a partir del vino y en el caso de Perú, avanza a partir de la gastronomía. Como para analizar las dos situaciones que son una contraria a la otra pero que a la misma vez están unidas por un mismo hilo conductor que son estos fanáticos del vino”.

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