8 MITOS Y “ERRORES” EN EL MUNDO DEL VINO

Por Andrea Bruno / Sommelière Internacional

 

Todos los enófilos tropezamos alguna vez con los llamados mitos y “errores” del vino, no sólo cuando recién empezamos a conocerlo sino también cuando ya nos creemos a salvo de los juicios apresurados. Estas ideas nacen de nuestra eterna pretensión de simplificar cuestiones complejas y de aferrarnos a reglas generales en un mundo diverso, cambiante y lleno de excepciones como el del vino. Veamos algunas de las más difundidas.

  1. El vino mejora con la edad

Esto sólo es cierto cuando ese vino ha sido diseñado para envejecer. Aun así, esa mejoría tiene un límite y depende de varios factores. La mayoría de los vinos no mejora con la edad; al contrario. ¿De dónde viene entonces este mito? Del hecho de que algunos de los vinos más famosos y codiciados del planeta tienen un gran potencial de guarda. Sin embargo, este grupo representa un porcentaje muy pequeño del total de la producción mundial.

 

  1. El vino tinto se bebe a temperatura ambiente

Esto es casi siempre un “error”, a menos que la temperatura del ambiente coincida con la que se recomienda para ese vino en particular. No sólo no existe una temperatura ambiente universal, sino que tampoco hay una temperatura ideal válida para todos los vinos. Pero sí contamos con orientaciones que conviene respetar para disfrutarlos mejor. ¿El vino tinto al refrigerador? Claro que sí. Algunos tintos jóvenes se lucen alrededor de los 14°C y otros a los 16°C, mientras que un tinto con crianza puede ir a 18°C.

 

  1. El pescado va con vino blanco

Es verdad si el pescado es blanco y pobre en grasa. Pero no lo es si se trata de un pescado como el atún, que necesita una compañía con más peso. Una buena pareja para este tipo de pescados sería un rosé con cierta fuerza o un tinto joven. La clave son los taninos: su textura se contrapone con la grasa y logra el equilibrio.

 

  1. La tapa a rosca es sólo para vinos jóvenes y económicos

Este sistema de cierre ya no se limita a los vinos blancos y rosados. También se ha difundido para los vinos tintos, y no sólo jóvenes. No tendrá el mismo glamour que el corcho, pero no es en modo alguno un indicativo de menor calidad ni de precio más bajo.

 

  1. El vino y el queso siempre combinan bien

No son productos uniformes ni estáticos. Es probable que resulten las combinaciones entre quesos suaves y vinos jóvenes, quesos maduros y vinos más potentes, y quesos azules y vinos dulces. No cualquier queso va con cualquier vino. Hay que deleitarse explorando.

 

  1. Los vinos con “piernas” son mejores

La “piernas” o “lágrimas” que observamos en nuestras copas se deben a la presencia de glicerol, un alcohol que nos brinda en la boca la sensación de untuosidad. Que estén más o menos marcadas se relaciona principalmente con factores climáticos y con las variedades de uva, tal como ocurre con el grado de alcohol etílico. No es correcto evaluar los vinos como si provinieran todos del mismo lugar y fueran elaborados de la misma manera.

 

  1. Es necesario “decantar” el vino

Sólo muy pocos vinos necesitan oxigenación, operación que se practica con un botellón llamado “decantador” y que busca desplegar la complejidad aromática. Eso siempre y cuando no dispongamos del tiempo suficiente como para esperar esos cambios en la copa: es más divertido seguir todos los capítulos de ese espectáculo. Pero más allá de eso, hay vinos que pueden perder su esencia si los oxigenamos demasiado.

 

  1. El mejor vino del mundo es…

La frase completa puede ser “el vino francés” o el de su país, región o bodega favorita, o alguna etiqueta codiciada como “Romanée-Conti” o “Pétrus” o la que usted prefiera. Otras variantes pueden ser “el mejor espumoso del mundo es el Champagne”, o “el mejor vino dulce es el Sauternes”, sólo por mencionar un par de ellas. Ante la apabullante variedad de estilos, regiones, viñedos, cepas, winemakers y añadas -a lo que le sumamos la diversidad de momentos, comidas para armonizar y la inevitable subjetividad de la cata- es imposible sostener estas afirmaciones de manera categórica.

 

 

Si no podemos evitar la formulación de estas “medias verdades”, entonces aprovechémoslas para aprender. El mundo del vino es increíblemente variopinto, sorprendente y dinámico. Identifiquemos nuevos mitos y “errores” y transformémoslos en puntos de partida para conocer mejor a la bebida de nuestros amores.

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